Queridos amigos!
El jueves de madrugada, se fué de este plano Gerardo, padre de un
cuñado mío. A la tarde me acerqué al tanatorio y saludé a mi cuñada, cuñado,
hermanos y madre.
Todos estaban con gran pesar y un dolor muy intenso en sus pechos.
Los percibí a cada uno de ellos y les traté de trasmitir alivio y bienestar.
Evoqué al guía y se fue directamente con Gerardo y se pusieron a
hablar. Yo los dejé y agradecí que hiciera eso con Gerardo.
Entonces creí oportuno hacer una ceremonia de Muerte en el funeral.
Al menos aliviaría tanto dolor con un poco de comprensión y paz.
Inmediatamente aparecieron dudas y temores en mí. Nunca antes había llevado
el Mensaje tan abiertamente y aparecían en mí dudas por el temor a no
ser comprendido.
A la noche hicimos la reunión del Mensaje. Me ayudó mucho poder
expresar abiertamente mis temores y me dieron ánimos para llevar adelante
la ceremonia.
Afortunadamente para mí estaba ese día entre nosotros Luis Armado,
de Lima, el cual pudo testimoniar sobre varias ceremonias de muerte en las
que él ofició y en las que los familiares agradecieron sus palabras.
Evidentemente mis temores eran básicamente por temor al rechazo.
Mi gran temor era el de meter la pata en un momento tan delicado. No podía
preveer como resultaría...
Pedí hacer en aquel momento una ceremonia de muerte aunque no
estuviera allí el cuerpo de Gerardo. En la ceremonia me di cuenta que no
tenía manejo en el texto. Las frases son largas y me costó un poco para
hacerla sentidamente. Me sirvió mucho tener esta oportunidad, me dio seguridad.
Al día siguiente me levanto a las 7 am e imprimo unas hojas con la ceremonia. A las 8 am llamo a mi cuñado diciéndole que había preparado
unas líneas que me gustaría leer en el funeral para su padre. Me dijo que no
había problema. Este era un paso muy necesario para mí. Al comprometerme
verbalmente, era más fácil el camino.
Por otro lado, sentía que este era un aporte muy valioso que podía
hacer por mi cuñada y mi cuñado. Ante estas situaciones, normalmente se
mezclan muchos sentimientos contradictorios y tenía la sensación de que
estas pocas palabras podían ser muy válidas para ellos. No era una cuestión
de meter la pata, o de lo que pensaran los demás. Para mí era una cuestión
de coherencia interma y de que aquella era una oportunidad irrepetible de
trasmitir la certeza que la vida no termina con la muerte.
A las 9 am llego al tanatorio. En aquel momento salía una procesión
de orientales. Me sorprendió lo escandalosa que era. Los familiares, con ropa
blanca muy bien cuidada, gritaban y se desgarraban de dolor. Los acompañantes,
con cara descompuesta. Nunca antes había visto una escena como
aquella, me ponía los pelos de punta. Uno de ellos llevaba una cámara de
video y corría de un lado a otro para hacer los mejores planos de la escena...
Finalmente entré al velatorio. Al saber que minutos después se iba a
hacer la cremación, los familiares miraban al cuerpo de Gerardo y lloraban
desconsoladamente. Evoqué al guía y, como el día anterior, se ocupó de
Gerardo. Tambien él estaba dolido por todo lo que veía. Dejamos que descargaran
las tensiones más profundas...
Mientras tanto me acerqué a la capilla. Era un recinto de reciente
construcción con cristales de techo a suelo en un lateral, desde donde se veía
la montaña con sus valles y laderas.
En la puerta, un cartel muy visible especificaba que el lugar era aconfesional
y que se admitía en él cualquier ceremonia, civil o de cualquier religión.
También estaba permitida la música. El cartel me dio confianza.
Entré a una puerta tras el altar y pedí por el mossen. Le dije que deseaba
decir unas palabras y muy amablemente me indicó que ya me avisaría en
el momento oportuno.
Me senté en primera fila y empezó la misa. Estaba muy inquieto y pedí
al guía que me tranquilizara. El me dijo que no me preocupe por nada, que en
el momento que tenga que hablar, tendré las mejores condiciones y él estará
conmigo. Mientras tanto, que atienda al momento.
El cura católico empieza a hablar de dolor, de tristeza, de añoranza,
de resignación... Todos ellos valores terrenales y el más allá lo deja en
manos de Jesucristo, un intermediario de Dios. La única esperanza es que
algun día resucitaremos todos... (¿de carne y huesos?).
Su discurso me pone más inquieto. Estaba frente a la intransigencia
de mi infancia. ¿Y en medio de esta visión tan corta de la trascendencia tenía
que hablar yo?
Afortunadamente el tema estaba muy avanzado y no quería dar marcha
atrás...
Me avisa el cura. Una correntada energética circula por toda la columna
vertebral. Subo al púlpito. Miro a la gente. Unas 300 personas observaban.
Solo conocía a los sentados en la primera hilera de bancos. Todos atentos a
mí.
El cura, después de prepararme el micrófono, retrocede dos pasos y
se queda detrás mío como asistente. Miro el texto.
"La vida ha cesado en este cuerpo..."
Es muy directo. No da tiempo a las dilaciones ni a las ambiguedades.
A mi lado está Gerardo...
Con tono suave y muy lentamente, voy oficiando la ceremonia.
Lentamente, para que cada palabra caiga en lo profundo de cada uno.
"Este cuerpo no nos escucha. Este cuerpo no es quien nosotros recordamos..."
En cada silencio, no se oía una sola respiración. Todas las miradas
estaban muy atentas a lo que decía.
"Aquel que no siente la presencia de otra vida separada del cuerpo,
considere que aunque la muerte haya paralizado al cuerpo, las acciones realizadas
siguen actuando y su influencia no se detendrá jamás. Esta cadena
de acciones desatadas en vida no puede ser detenida por la muerte."
Con estas palabras siento que la gente se relaja, al recordar las buenas
acciones de Gerardo. El era un hombre bueno...
"Y aquel que siente la presencia de otra vida separada, considere
igualmente que la muerte solo ha paralizado al cuerpo; que la mente una vez
más se ha liberado triunfalmente y se abre paso hacia la Luz... "
En este punto me emocioné profundamente. Parecía que no podía
continuar y una fuerza interior me hizo sentir radiante y lleno de energía de
nuevo.
"Sea cual fuere nuestro parecer, no lloremos los cuerpos. Meditemos
más bien en la raíz de nuestras creencias y una suave y silenciosa alegría llegará
hasta nosotros... ¡Paz en el corazón, luz en el entendimiento! "
Miré a los familiares, a todos los reunidos alli. Todos tenían una expresión
calma, silenciosa, reflexiva. Ya no se oyeron más llantos...
Al volver al banco, mi cuñado me agradeció lo que había hecho por su
padre.
Al salir del recinto, me toca el cura por la espalda y me dice: "Me han
gustado mucho tus palabras".
Ya en el crematorio, todos los familiares agradecieron mi intervención
y me preguntaron: "¿De dónde es esto?" A lo que les contesté: "Es del
Mensaje de Silo".
Un fuerte abrazo!
QUIM - Barcelona |