Con Luis - Diciembre 2004
El pedido de ayuda me llegó a través de mi hija. El hijo (19 años) de su amiga Ana ha tenido una recidiva de leucemia y no reacciona frente a la quimioterapia. A su amiga se le ha cerrado el futuro y se encuentra en tal situación de bloqueo que no sabe bien por dónde tirar ni qué puede hacer ella por su hijo.
Me puse en contacto con ella y le comenté la forma en que yo podría ayudarla. La charla duró apenas unos minutos y la invité a experimentar. Eso fue decisivo.

Ella ha ido invitando a miembros de su familia, a sus amigos, a los amigos de su hijo.

Después de dos experiencias, nos juntamos todos en el hospital. Hemos pedido permiso al médico y nos juntamos en una salita cercana a su habitación. Allí hacemos las ceremonias. En la primera la gente estaba un poco tensa, sin saber muy bien qué estaban haciendo allí. La segunda fue toda una sorpresa. Doce personas, todos allí de pie, con los ojos cerrados, totalmente entregados. Ahora ninguno de ellos
se la quiere perder y todos están pendientes del día y la hora.

Por otra parte, estoy trabajando con el hijo con experiencias guiadas. En principio con la Configuración del Guía Interno y con la Protectora de la Vida. Él se sorprende de que cada vez que las hace le salen cosas diferentes y habla sin tapujos de
la muerte. Cada vez van interesándose por más cosas acerca del Mensaje y alguno ha preguntado si eso lo podrían reproducir ellos en otros ámbitos.

La madre, Ana, comenta que desde que hizo aquella primera experiencia, su vida se ha transformado, como si ella se hubiera convertido en una persona diferente, con más energía y con imágenes positivas en su cabeza.

Enero 2005. Luis comienza a reaccionar a la quimio, por lo que le incluyen en el programa de transplante de médula. Esto va a significar que al producirle la aplasia (bajada total de las defensas) le van a colocar en una situación muy delicada, pues
cualquier catarro o infección puede llevarle a las puertas de la muerte. Aún así, Luis accede. Durante el permiso que le dan para volver a su casa antes del transplante,
Luis abandona el trabajo interno, sólo quiere pasarlo lo mejor posible con su novia por si acaso se muere durante el período del trasplante. Una vez le provocaron la aplasia, prohibieron las visitas, por lo que todo mi contacto con él se redujo a las llamadas telefónicas.

Julio 2005. Estoy en Santander, me llama mi hija y me dice que Luis está en la UCI con una infección pulmonar y que esperan muera en las próximas horas. Ana no quiere
contestarme el tfno, pero a fuerza de insistir (y de un Sms muy elaborado que le mando) ella termina llamándome. Desde Santander hago una experiencia y siento a Luis muy conectado, así que llamo a Ana y se lo digo, le digo que no se crea tanto el determinismo de los médicos, que de ésta no se muere. Le dije que de cualquier forma le hiciera la ceremonia de Asistencia, pero más tarde me dijo que no se la hizo
porque le daba "yuyu".

Una vez llego el domingo a Madrid, acudo al hospital. Al estar Luis en la UCI, únicamente nos dejan visitarle 1 hora por la mañana y otra hora por la tarde. Ana me pide que hable yo con los médicos, que ella no quiere verlos. Los médicos nos reciben ya con cara de funeral y poco se puede hacer para cambiarles el clima. Entro a ver a Luis y le veo intubado y sedado, le siento con una fuerza increíble, peleándosela
como un toro. Salgo a la sala de espera y planteo un psicodrama a la familia: "cómo puede ser que él se la esté peleando de esta manera y vosotros estéis aquí llorando una muerte que aún no sucedió, esto no es forma de ayudarle". No se si me pasé, si fui muy brusca,... fue un impulso que no se de dónde salió. De cualquier forma, Ana me miró muy sorprendida y reaccionó. Entró conmigo a ver a Luis. Le hicimos la ceremonia de Asistencia. Por la tarde hicimos la experiencia de la Protectora de la Vida y la de las Nubes. Al día siguiente Luis comenzó a mejorar. Yo veía en él cambios muy evidentes con la experiencia de las Nubes, por lo que me centré en ella y se la hacíamos por lo menos un par de veces al día. También seguimos haciéndole la Configuración del Guía y la Protectora de la Vida, así como la Imposición. Mientras hacíamos las experiencias, o bien teníamos una mano sobre su cabeza, o
sobre su pecho...

El hecho de estar en la UCI, supuso en un comienzo una incomodidad, las enfermeras y médicos nos miraban de reojo y una sentía en la piel las miradas. Pero establecer la prioridad fue esencial, también el hecho de pensar que todos aquellos
que escucharan algo aprenderían y registrarían.

Los días siguientes, Luis fue mejorando a pasos agigantados y los médicos plantearon ir quitándole la sedación. Éste es un momento delicado, pues normalmente los pacientes "vuelven" muy agitados y desorientados, de forma que plantearon
hacerlo de una forma paulatina, un proceso de varios días. Los médicos, mientras, seguían con cara de funeral y lo único que pude hacer fue que nos aseguraran que ellos iban a hacer su parte bien hecha y con los medios que fueran necesarios al
caso. Continuamente insistían en que Luis no podía oírnos y no podía sentirnos. Pero nosotras sabíamos que, sobre todo, en la experiencia de las Nubes su corazón aceleraba el ritmo siempre en la misma parte y se relajaba también siempre en la misma parte (las ventajas de tener la monitorización a mano). También podíamos ver en el monitor cómo le subían las pulsaciones cuando su novia le acariciaba y le hablaba al
oído. ¡¡Vaya que se enteraba!! ¡¡DE TODO!!

Justo el día que esperábamos se iba a despertar, la saturación de oxígeno desciende y los análisis de sangre muestran la presencia de una infección. Nadie entiende qué pasa. Comienzan a revisar todo y pasado un día más, se dan cuenta
que tenían que haberle cambiado los catéteres ¡¡hacía más de cinco meses!!, motivo más que suficiente para haberle provocado una infección.

Dos días después, Ana me llama por la mañana y me dice que no puede entrar a verle, que algo internamente se lo impide. Le digo que yo en la mañana no puedo ir y que alguien tiene que hacerle la experiencia, así que finalmente pasa ella.

A las 7 de la tarde, según estamos esperando la hora de la visita, nos informan de que Luis ha tenido un infarto cerebral. Ana no quiere entrar. Ella queda abajo esperando mientras entro a verle. Le siento tan nítidamente que parece que me
habla, me queda claro que él no va aceptar quedarse entre nosotros con las consecuencias de ese infarto. Le hago la Asistencia, y siento lo mismo que si echara una gota de agua sobre un río caudaloso. Bajo y le comento a Ana que me parece no tenemos mucho tiempo y que creo que lo mejor es que suba a despedirse.

Con nosotras también estaba Cristina, la mejor amiga de Luis. Estaba como fuera de lugar, en un rincón, como si ella no tuviera derecho a estar allí. Le sugerí hiciera la Asistencia, de modo que se acercó a Luis y con la mano en su cabeza
comenzó a leer, despacio, con un cariño inmenso. Su cara se transformó y me pidió si podía quedarse con el libro del Mensaje (yo llevaba varios en el bolso, he aprendido a ir preparada, así que sin problemas).

Lo que pasó a partir de aquí supone una de las experiencias más hermosas que he vivido. Ana, que es pura dinamita, un potro desbocado, se acercó a Luis, tomó una gasa y con una suavidad impropia de ella comenzó a limpiarle la boca, bromeando y regañando porque las enfermeras son unas vagas que no le limpian. Comenzó a tratarle como si fuera un niño pequeño, con una dulzura exquisita, le tranquilizaba,
le decía que ya sabía que todo esto había sido mucho para él y que nos dábamos cuenta de que ya no podía más. Le acariciaba las manos, los brazos, el pecho, la cabeza, con una ternura que parecía nos había trasladado a otro espacio y
otro tiempo diferente. Se acercó a su oido y le susurró algunas frases que nadie más que Luis pudo escuchar. En el mismo instante en el que ella acabó de hablarle, Luis dejó de respirar, el vello de su piel se erizó y tomó un color ceniciento. Cerré los ojos y comencé una experiencia de Fuerza. Oía a Ana que me llamaba, preguntándome por qué Luis no respiraba. Yo estaba intentando sentir a Luis y una vez registré que todo estaba bien con él, abrí los ojos y le contesté que Luis ya no estaba dentro de ese cuerpo. La unión y paz que registramos todos los que estábamos allí, era muy grande.

Septiembre 2005. Nos hemos reunido para hacer una experiencia conjunta aprovechando que es el cumpleaños de Luis. Viene toda la familia, amigos, novia... Nos juntamos 20 personas. Se lee una carta que he escrito. Algunas lágrimas asoman, pero sobre todo la emoción en la sala alcanza una cota muy alta. Después, hacemos la experiencia de "El ser querido" que Rosa Ergas incluye en su libro, adaptada a esta
especial circunstancia. Mientras leo la experiencia, observo detenidamente a los presentes, todos están derechos, con sus pechos henchidos, los ojos cerrados..., Ana no puede reprimir las lágrimas. Cierro los ojos y veo a Luis danzando entre nosotros, acercándose a su madre y dándole una colleja cariñosa le dice: "serás boba..."

Los testimonios posteriores son sorprendentes. Muchos de los presentes están asombrados y comentan con vehemencia, como para que los otros puedan creérselo, que han sentido a Luis allí mismo, a su lado. El clima que se ha generado es
tremendamente positivo y todos comienzan a recordar los buenos momentos pasados con Luis, sus travesuras, aquello que me dijo o hizo, etc. Le recuerdo a Ana los últimos momentos vividos con su hijo, su forma de hablarle, su suavidad... ella no lo recuerda.

Con Dani - Septiembre 2005
Dani es hermano de Luis, tiene 10 años.

La muerte de Luis le ha trastornado. Se siente desprotegido sin su hermano mayor. Ana (su madre) no sabe qué puede hacer ante esta situación.

Acabamos de hacer la experiencia del Ser Querido en casa de Ana. Invito a Dani a que venga a una habitación conmigo.

Nos sentamos en la cama. Le sugiero que cierre los ojos y a partir de aquí se sucede esta experiencia:
- Cierra los ojos Dani. Puedes imaginar a tu mamá? / - Sí.
- La ves bien, verdad? Sin embargo mamá no está aquí. / - No.
- Y la quieres? / - Sí.
- Cómo sabes que la quieres? Lo sientes? / - Sí.
- Dónde lo sientes? / - (por unos instantes Dani queda callado, levanta su mano y la posa un poco más abajo de la garganta, después la desplaza hasta el pecho). Aquí (me señala).
- Ahora intenta imaginarte a Luis. Hazlo sin prisa, tómate el tiempo que necesites y avísame cuando puedas verlo bien. / - (pasa un tiempo, quizás un par de minutos). Ya.
- Le puedes ver, ¿recuerdas cómo se reía y cómo jugaba contigo? / - Sí.
- Le quieres mucho, a qué sí? / - Sí, mucho.
- Y dónde lo sientes? / - (Dani queda bastante tiempo callado, finalmente lleva su mano al pecho). Lo siento aquí, pero por dentro (señalando con su mano hacia atrás, como marcando una profundidad).
- Pues ya has encontrado el lugar donde está Luis. A partir de ahora siempre que quieras verle podrás hacerlo, siempre que necesites su cariño lo tendrás. / - Y podré hablar con él y preguntarle cosas?
- Siempre que quieras. A lo mejor a veces tarda un poco en contestarte, pero eso no te tiene que preocupar. Le podrás contar todas las cosas que te pasan en el colegio, pero no te olvides de contarle también las cosas alegres, que a él le va a gustar.

Unos días después, Ana asiste (oye desde otra habitación) a la siguiente conversación entre Dani y su hermana Verónica (8 años):
- Vero, no seas pesada. Hay veces que mamá se pone un poco triste porque quiere hablar con Luis y cuando se pone así no tienes que molestarla.
- Y cómo puede hablar con él?
- Elena me ha enseñado a hablar con Luis y yo te voy a enseñar a ti.

ELENA - Madrid