Desde pequeña el tema de la muerte siempre fue una incógnita para mi existencia.
Pasaron los años y, al conectarme con la doctrina, me fui aproximando
a algunas verdades...
En tres oportunidades estuve a un breve espacio de toparme con ella.
Entonces me di cuenta que todavía no era hora, que aún tenía mucho camino
que recorrer y que tengo un destino.
SÍ estuve muy cerca de seres queridos que han pasado a otro plano y
eso quiero compartir con ustedes.
La primera vez sucedió con mi padre, que falleció en 1986. Hacía poco
tiempo que había hecho el centro de trabajo para delegados de equipo.... lógicamente,
al salir de allí, tuve la necesidad imperiosa de reconciliarme con él, ya
que siempre se había opuesto a mi participación en el movimiento.
Fue hermosa la charla que tuvimos: el reconocimiento de errores... el
perdón de ambos... el cálido abrazo y el respeto mutuo de las elecciones que
ambos habíamos hecho. Todo bien hasta aquí... pero se le ocurrió morirse un
mes después!!!
Fue un shock. La no aceptación, el enojo, habíamos perdido tanto tiempo
enojados... que me pareció una injusticia.
De todas maneras pude realizar la ceremonia de Asistencia y luego de
Muerte... Llegué a tiempo, ya que nos distanciaban casi 1000 km; tuve que
intencionar fuertemente para poder entrar en la terapia intensiva. Susurrando
dulcemente a mi guía y el de mis amigos que acompañaban pude hacerlo....
Por un instante que sonrió, las lágrimas y la respuesta refleja de su mano me
di cuenta que escuchaba... Luego se fue.... Su estado era gravísimo, estaba en
coma pero su conciencia activa.... Ese día definí mi vocación: el Servicio.
Hace muchos años que trabajo en Salud, el estar en contacto con personas
enfermas me puso en situación de asistir a familiares. El entrenamiento
continuo hizo que el registro se ampliara, nada más que eso: un poco de atención
y hacer lo que hay que hacer.
Otra experiencia muy significativa fue asistir a una querida amiga del
alma, humanista, se llama Maisa. Con ella tuvimos más tiempo de trabajar el
tema de su partida.
Trabajamos incansablemente un año, ya que cuando le detectaron el
cáncer de páncreas los médicos le pronosticaron 3 meses con la cirugía. Ella
decidió 1 año, hasta tanto dejaba arregladas todas sus cosas: su hija que
entonces tenía 14 años, su madre anciana y sus tías, también ancianas y enfermas...
Resolvió todo al detalle hasta el día antes de partir. Nunca en mi vida
había estado con un ser humano tan íntegro y con tanta dignidad para morir.
Sus últimos días, a pesar de las incomodidades propias de la enfermedad,
fueron bellísimos en registros: compañía, compasión y amor. Fuimos sus
custodias Debora Tormen, Ana Arduino y una amiga de la infancia. Todas sincronizadas,
no faltó nada, eran nuestras almas danzando. Allí no había sufrimiento
ni cansancio físico, solo una suave alegría, y una paz... que se me hace
indescriptible contar.
Desde entonces Maisa es mi dulce compañía... siempre alegre, solidaria
y con extraordinario sentido del humor. La oigo en la risa franca de los adolescentes...
La veo en el ensimismamiento de los que leen libros... La siento en
la fuerza de nuestras actividades... Ella dejó su huella y tengo ya la certeza que
la muerte no existe.
Ahora, con el Mensaje, mejoraré los aspectos que faltaban pulir.
Donde quiera que vaya, tengo la certeza que hay mucho para dar,
mucho para integrar y, fundamentalmente, que no estoy sola.
MABEL OCHOA - Barcelona |